miércoles, 11 de febrero de 2009

aquello familiar que desconocemos...

cierro el libro.. lo apoyo sobre mis rodillas sin soltarlo.. el griterio de los chicos me devuelve a esta realidad.. miro con extrañeza el mundo.. como si estuviera de regreso después de un largo viaje.. una travesía por el espacio.. me percato ahora que a mi lado está un anciano inmóvil parece bucear en los huecos de su memoria.. demorado tal vez en algún recuerdo..

Solaris.. del polaco Stanislav Lem.. alzo la mirada hacia una porción del cielo y me pregunto si existirá un planeta semejante al que delineó Lem en este libro.. un planeta cubierto por un oceáno viviente.. un oceáno dotado de razón.. un oceáno que.. de un modo misterioso.. logra escarbar el inconsciente de los tripulantes de la estación espacial..

en un intento de resumen puedo decir que un astronauta llamado Kelvin.. viaja a la estación espacial prometeo y que allí se entera de que uno de los tripulantes se quitó la vida y que los otros tienen comportamientos extraños.. viendo alterada su rutina ante la presencia de ciertos visitantes.. los cuales son una materialización de sus conciencias.. de sus propios miedos.. esa criatura que tiene que ver con uno y de la que resulta imposible desprenderse..

a mi lado.. el anciano mastica unas palabras que no nacen.. que se le deshacen en la boca.. mientras les arroja a las palomas unas semillas que va sacando del bolsillo de la campera.. en eso.. me mira.. se sonríe.. parece querer decirme algo.. pero nunca lo dice.. del otro lado dos señoras platican.. se me da por pensar en lo arduo que resulta entendernos con nuestros semejantes.. i
magino cuánto más difícil sería la comunicación con otro mundo cuyo complejo funcionamiento desconocemos.. la necesidad de comprender y de buscar respuestas es inherente al ser humano..

¿Quiénes son nuestros visitantes?.. me pregunto ahora.. vemos en los demás nuestras propias miserias y errores..
el otro me contiene pero también me condena.. será por eso que tratamos de no mirar directo a los ojos (al menos.. no por demasiado tiempo).. de no comprometernos.. de tomar distancia..

Del mismo modo.. también nuestros ojos reflejan las perversiones del otro.. sus limitaciones.. sus defectos y virtudes..
exhibimos esas cualidades sin querer.. simplemente siendo.. conviviendo entre mortales.. somos espejos.. y por más que intentemos ocultar el miedo.. siempre algo nos delata.. una fisura en nuestras pupilas que deja al descubierto una certeza.. la certeza terrible de la finitud.

así es.. me digo.. la angustia de sabernos transitorios no se puede disimular.. la evidenciamos en el anciano.. el enfermo.. el débil.. en nuestros antepasados.. la veo en el viejo sentado a mi derecha.. todos ellos son mis visitantes.. es decir.. mi dolor y mi miedo. Ellos. Y el espejo.


1 comentario:

Rodo dijo...

Me gustó un montonononononal el texto sobre el espíritu escénico.

El lunes inicia el taller de teatro en el museo del chopo, cómo me gustaría usar tu texto en alguna acción o leerlo para la clase.

Sensacional.